Tenemos
casi cuatro años, desde ahora al 28 de Julio de 2021, para aprovechar la
experiencia del último año y construir democracia en nuestro país, comenzando
por la que deben tener los partidos políticos.
El
Congreso de la República ha demostrado que no ha querido ni quiere cambiar “el
estado de cosas” en bien d la democracia y el país, incluyendo el bien del
partido anaranjado, estructurado y lanzado a demoler las conquistas y
aspiraciones del pueblo.
Fuerza
Popular o partido fujimorista tiene una mayoría arrolladora en el Congreso, que
la usa de maneta prepotente, desbocada y abusiva, dedicándose a demostrar que
ha seguido los malos ejemplos de su fundador histórico, ocultando o encubriendo
la corrupción, personalizada en su ex secretario general y varios congresistas
que se han salvado por la benevolencia cómplice de la Comisión de Ética del
Congreso, presidida por un fujimorista.
En
otro lado, el partido PPK ha demostrado una debilidad cómplice y
aterradoramente permisiva, confundiendo prudencia con pusilanimidad, no
sancionando pública y rápidamente la comisión de delitos por funcionarios del
anterior gobierno que ha mantenido durante el actual y de aquellos que siendo
próximos al Presidente de la República los cometieron igualmente. Así mismos,
se ha mostrado complaciente o por lo menos concesivo respecto a empresas constructoras,
sean nacionales o extranjeras en los principales proyectos de importancia para
el Perú.
Los
partidos tradicionales como son el APRA y Acción Popular están en crisis y son
políticamente poco significativos en la vida política del país, a pesar de los
esfuerzos y visibilidad de algunos de sus cuadros más destacados en el
Congreso. Deben comenzar por hacer democracia interna y participar en la vida de
las organizaciones sociales y gremiales.
Alianza
para el Progreso, el partido de César Acuña y de algunos de sus familiares,
tiene como capital político – es una ironía- “plata como cancha” para
distribuirla de una y otra manera y así lograr autoridades locales y
regionales, inclusive en el Congreso, De democracia interna es poco lo que se
conoce de este partido, que usa a la universidad César Vallejo como ariete de
su desplazamiento estratégico en el campo político.
Los
partidos políticos de izquierda presentes en el Congreso, pero muy escasamente
en la vida nacional, han dado y siguen dando muestra de su intolerancia
tradicional y de su necesidad casi existencial de dividirse y subdividirse de
acuerdo a la necesidad de la vigencia de sus dirigentes. Es poco lo que
podemos decir de su democracia interna, por lo que el pueblo va perdiendo
confianza en ellos como instrumento de conquista del poder y el gobierno.
Corresponde,
por tanto, a quienes no pertenecemos a estos partidos, organizarnos y participar
racional y apasionadamente de manera decidida en la vida política nacional, con
aplicación de los principios de libertad y solidaridad, justicia y responsabilidad, con respeto a la persona
humana y la naturaleza, actuando con transparencia, eficiencia y decencia en
favor de todos los peruanos y peruanas, principalmente de los más necesitados
que han sido olvidados y marginados tradicionalmente por quienes han detentado
el poder para uso y abuso del mismo en propio beneficio. Se trata de crear
democracia primero en los partidos y luego como un ejercicio natural derivado
de este ejercicio cívico fundamental, extenderlo a toda la sociedad peruana que
sigue siendo desestructurada.